-¡Fuera!- -¡Rajá de acá! – Se podía oír mientras lo corría, y como siempre, se me escapaba saltando el muro de mi casa, no lograba entender, no comprendía -¿Por qué viene?- Me preguntaba.
Era un gato negro como la noche, siempre lastimado por peleas , pequeño, mal alimentado y con ojos verdes que si se le alumbraban, reflejaban una luz enceguecedora que daba pesadillas, así era él, feo, opaco y sucio.
Todas las noches, mirándome a través de mi ventana, subido al pino, el me miraba, como si se burlara de mí, esperando el momento que me desconcentre para saltar y comerle la comida a mi gata Samanta, que se encontraba dormida en su caja.
Fue de gran sorpresa para mí verlo una tarde, debajo de una la sillas de mi jardín, como de costumbre atiné a correrlo para que se fuera, extrañamente no corrió, no se movió, no hizo nada, tal era mi asombro que me detuve y comencé a observar al animal, se encontraba cabizbajo, y acostado miraba el césped con la vista perdida, siquiera se fijaba en mí, yo no era nadie para él.
Fue de gran sorpresa para mí verlo una tarde, debajo de una la sillas de mi jardín, como de costumbre atiné a correrlo para que se fuera, extrañamente no corrió, no se movió, no hizo nada, tal era mi asombro que me detuve y comencé a observar al animal, se encontraba cabizbajo, y acostado miraba el césped con la vista perdida, siquiera se fijaba en mí, yo no era nadie para él.
En ese momento no supe que hacer, simplemente, por pura pena, dejé que se quedara, pensé que se iría, o que había sufrido alguna lastimadura, pero estaba equivocado, el gato no se movía de allí. Durante su estadía, mi gata lo acompañaba desde su cajita, pero él seguía cabizbajo mirando el césped.
Así pasaron los días, el gato no se movía, no comía, no tomaba, no hacía nada, solo estaba allí, era solo una presencia, comencé a notar que mi gata pasaba todo el día en su cajita acompañándolo, ya no salía, solo para estar con él y cada tanto Samanta se paraba para acicalarlo un poco y refregarse como solo los felinos lo hacen.
Pero el día más extraño y escalofriante fue el que lo encontré en la cajita de mi gata, lo observe y estaba más cabizbajo que de costumbre, daba la sensación de que estaba muerto, pero su pecho aun se extendía y contraía lentamente, así que lo dejé.
Esa misma noche, tuve pesadillas, no podía dormir, me levante cuatro veces para ir al baño, pero los pensamientos de haber dejado al gato en ese estado me mortificaban la mente, por lo que decidí ir a verlo. Abrí la puerta, aún seguía allí, estático dentro de la caja, espere un minuto para ver si respiraba, increíblemente, su pecho se extendió para recibir una bocanada de aire, lo toqué, su pecho se contrajo rápidamente y ceso de respirar al amanecer.
Esa misma noche, tuve pesadillas, no podía dormir, me levante cuatro veces para ir al baño, pero los pensamientos de haber dejado al gato en ese estado me mortificaban la mente, por lo que decidí ir a verlo. Abrí la puerta, aún seguía allí, estático dentro de la caja, espere un minuto para ver si respiraba, increíblemente, su pecho se extendió para recibir una bocanada de aire, lo toqué, su pecho se contrajo rápidamente y ceso de respirar al amanecer.

Uuh tenebroso!
ResponderEliminarme gusto la historia, segui asi
pasate por mi blog http://mundo100futbol.blogspot.com/